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martes, 21 de junio de 2011

Océanos, al borde de una extinción masiva

Martes, 21 de junio de 2011
Océano

El efecto acumulativo de los altos niveles de dióxido de carbono, la sobrepesca y la contaminación con fertilizantes y plásticos están deteriorando los mares a ritmos jamás vistos, según el estudio.

Los océanos están al borde de una catástrofe y el número de especies que podría desaparecer es comparable a grandes extinciones de la era prehistórica, según un nuevo estudio.

Los mares se están deteriorando mucho más rápido de lo previsto debido al efecto acumulativo de factores negativos como la acidificación, el calentamiento global, la sobreexplotación pesquera y el aumento en la cantidad de agroquímicos y plásticos que acaban en los ecosistemas marinos. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/06/110621_oceanos_extincion_am.shtml


LA CRISIS GLOBAL PRECISA RESPUESTAS HEROICAS (Martes 21-06-2011)

El mundo sufre una profunda crisis sistémica, que todos aceptan pero nadie enfrenta: la ocultan, voltean para otro lado, piensan que el remedio es ignorarla. No obstante, la crisis mundial golpea. Es suficiente leer los titulares de la prensa para advertirla.

En el Japón la energía nuclear tiene su tumba, hasta las ballenas salieron contaminadas. Las inundaciones se combinan con sequías descomunales. Las migraciones de hambrientos ya son inocultables, la escasez de alimentos se anuncia grave. Los problemas financieros, las deudas de los grandes, las penurias de los pequeños, presagian un cambio drástico en el mapa económico. Europa husmea la caída de su mercado común.

Pocas dudas quedan de la inviabilidad del capitalismo. Fracasó, los curativos parciales no son suficientes, las contorsiones para salvarlo sólo consiguen hundirlo más. Esto sería promisorio para un revolucionario desprevenido: "El sistema capitalista se derrumba ¡Qué bueno!" El problema es que el capitalismo cae, no hay duda, pero en su desplome se lleva a la humanidad y a la vida planetaria.

La crisis es global, mundial, todo está relacionado porque la economía capitalista está relacionada, y el daño a la ecología planetaria nos afecta a todos
. Nadie escapa de la crisis, lo más que pueden hacer los poderosos es trasladarla transitoriamente a los más débiles, pero temprano sentirán los rigores de la emergencia.

Los problemas de la economía de Estados Unidos repercuten en el planeta, su déficit, su alta deuda es malestar que refleja la enfermedad que padece el resto de la economía mundial, los precios del petróleo son síntoma de desajuste económico. Nadie se salva de la crisis.

La ceguera frente a la situación es igual de profunda a la magnitud de la tragedia que ya nos aflige. La humanidad perdió la capacidad de relacionar, por eso no capta la crisis que ya presenta sus consecuencias.

La humanidad ciega, sus dirigentes insensatos, continúan enfrentando la crisis con la misma lógica que la creó, evitan a toda costa ir al fondo del problema, su estructura mental, las leyes que los gobiernan, sus costumbres de milenios, condicionan una conducta suicida, no pueden hacer otra cosa que repetir el mismo guión de hace siglos: importarse por lo pequeño, lo intrascendente, dejar que las fuerzas ciegas del mercado fagociten la vida.

Estamos en una etapa terminal. Son necesarias medidas heroicas, cambios drásticos, la salvación comienza con medidas revolucionarias.

Ya no son posibles las curas parciales, el sistema se derrumba y con él la humanidad. No hay tiempo para las disquisiciones teóricas, para ensayos, es necesario romper con la conducta que nos trajo aquí, todos debemos tomar conciencia de la situación grave, pero sobre todo, los dirigentes del país y del mundo deben alertarse y alertarnos del peligro.

No es posible que sigamos con la esquizofrenia de la vieja política de endosarle al adversario los síntomas de la crisis.

¡Con Chávez más resteaos que nunca!

martes, 13 de abril de 2010

Día de la Tierra

Concluyó en Bonn, después de la Cumbre de Copenhague, la primera reunión formal sobre cambio climático. Según La Red del Tercer Mundo, ha concluido sin consenso para tomar urgentes medidas.

Se está realizando en Washington una reunión sobre Seguridad Nuclear. El mundo posee más de 23.000 armas nucleares. Más de 200 están en poder de Israel. Israel se ha negado a participar. No quiere someterse a control internacional. EEUU acepta esto como algo normal. En tanto que la reunión también discutirá la aplicación de sanciones a Irán que no posee armas nucleares.


Previamente a esta reunión, EEUU y Rusia acordaron reducir sus armas nucleares en 30% y han dicho que para 2030 habrá cero armas nucleares. Se dice que EEUU impulsa la destrucción de dichas armas para imponer su predominio a través de una devastadora generación de armas convencionales.


Si observamos los juegos de poder que están ocurriendo en Europa, América Latina y el Caribe, Asia y en todo el mundo, es probable que estemos asistiendo a una reconfiguración de las relaciones geoestratégicas mundiales.

Hay un tablero mundial donde la paz para la humanidad y la paz para la naturaleza, forman parte de un mismo proceso. Por eso, no hay respeto a los derechos humanos si no se reconoce el respeto a los derechos de la madre Tierra. La paz es el denominador común.


El boicot a los acuerdos para limitar el calentamiento global a menos de 2° C significa la pérdida de millones de vidas humanas, animales y vegetales, la desaparición de países, el incremento de la inseguridad alimentaria. Las guerras tienen la misma consecuencia. Sobre todo porque el plan para atacar a Irán incluye el uso de armas atómicas, con terribles efectos planetarios.

Cobra cada vez más relevancia la Cumbre de los Pueblos que se realizará en Cochabamba, Bolivia, con motivo del Día Mundial de la Tierra. Dicha cumbre tendrá una culminación en una reunión especial de la Asamblea General de la ONU, que se realizará el 22 de abril. En dicha asamblea, el orador principal será el presidente Evo Morales. Los pueblos deben y pueden lograr un viraje a las negociaciones que se han venido realizando. En ellas, los países del Norte imponen el ritmo. Es hora de que los pueblos marquen otro camino para la salvación de la humanidad y del planeta.


julio.escalona@gmail.com

jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Qué intereses se esconden tras la teoría del calentamiento global?


La teoría del calentamiento global, que ha tenido en el criminal de guerra, Al Gore, a su más importante “apóstol mediático”, y en la asamblea de multimillonarios, conocida con el nombre del club de Roma, a su principal fuente de financiación, se desploma tras el escándalo “Climagate”.

Los emails y documentos hackeados y filtrados a la prensa, en los que, científicos pertenecientes al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) reconocían haber manipulado los datos sobre el clima global, para ocultar el descenso de las temperaturas, en los últimos tiempos, y dar la impresión contraria (es decir, que habían aumentado) han servido (cuanto menos) para sembrar la duda, entre millones de personas en todo el mundo, sobre la (hasta ahora incuestionable) teoría del calentamiento global.

Una teoría convertida en dogma por el poder, al eludir el más elemental debate científico, estigmatizando a quienes osaran contradecirla, sin tener en cuenta los muchos datos científicos aportados por éstos. Una actitud muy útil en política, pero especialmente pernicioso en el ámbito del conocimiento.

Pero ¿qué se esconde tras este gran fraude? ¿qué objetivos pretendían y pretenden conseguir los teóricos del calentamiento global?

Como tantas otras mentiras del poder (SIDA, terrorismo, gripe porcina, etc.), el objetivo de la teoría del calentamiento global es aumentar el grado de explotación y esclavitud de la humanidad, mediante la más útil herramienta de control social: el miedo.

Su estrategia es sencilla, primero se siembra el terror entre la población, anunciando la proximidad de un temible “apocalipsis climático”, y después se imponen las medidas (que consideran adecuadas) para evitarlo, a unos ciudadanos adecuadamente aleccionados, los cuales aceptarán sin rechistar cualquier medida que sus gobiernos les propongan, con tal de evitar ese imaginario “armagedón”.

Unas medidas propias de una dictadura global, al arrogarse el derecho absoluto para decidir sobre qué y cuánto puede producir cada estado, impidiendo de esta forma a los pueblos decidir sobre su futuro.

India, Rusia o China han sido los que con mayor fuerza han denunciado esta especie de nuevo imperialismo medioambiental, cuyo principal objetivo es frenar las economías en desarrollo de los países emergentes e impedir que otros puedan llegar a desarrollarse, protegiendo así la hegemonía económica de los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

Otro objetivo no menos importante es el control social total, pues escudándose en una supuesta defensa del planeta, los calentólogos (o negacionistas del descenso de las temperaturas) se otorgan el privilegio de legislar sobre absolutamente todos los hábitos de nuestra vida, incluyendo nuestra actividad sexual, pues, en más de una ocasión, los teóricos del calentamiento global, como el despreciable David Rockefeller o el infame Rodrigo Rato, han propuesto, sin ningún tipo de reparos, un mayor control de la natalidad, al asociar el supuesto aumento de las temperaturas del planeta con los altos índices de población, un control que, curiosamente, circunscriben a los países que constituyen las mayores fuentes de materias primas, para las potencias capitalistas, es decir, Asia, África y América Latina y donde el más ligero aumento de su población supondría una limitación o un recorte del expolio que, durante siglos, viene llevando a cabo el gran capital.

Es innegable que el sistema de producción capitalista es el responsable de la degradación de nuestro medio ambiente y, por ende, de nuestra salud (epidemia de cáncer, aumento de enfermedades respiratorias y coronarias). El capitalismo ha envenenado el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos; unos problemas ocultados y minimizados por la alarmista y mediática teoría del calentamiento global, al situar por delante de aquéllos y como principal asunto a resolver, el supuesto aumento de las temperaturas. Un problema que, debido a su inexistencia, nunca tendrá solución, y que, por lo tanto, impedirá abordar los auténticos problemas medioambientales y sociales a los que se enfrenta la humanidad.

Por otro lado, y no menos importante, está el negocio de la compra-venta de bonos de carbono que mueve cantidades astronómicas de dinero: “el mercado de carbono podría llegar a ser el doble del tamaño del mercado del petróleo, de acuerdo a la nueva generación de jugadores de la City (el Wall Street de Londres) que comercian con las emisiones de gases de efecto invernadero, mediante el régimen de comercio de emisiones de la UE“. (Terry Macalister, Carbon trading could be worth twice that of oil in next decade, The Guardian, 28 November 2009)

Al situar las emisiones de CO2 como único culpable del supuesto cambio climático, los teóricos del calentamiento global lograron que su sistema de los bonos de carbono fuera aprobado y adoptado por las grandes instituciones políticas internacionales, con el objetivo de frenar y limitar dichas emisiones, pero en lugar de esto, lo que han conseguido ha sido crear un gigantesco negocio especulativo, entorno a dichos bonos, controlado y dirigido por las grandes entidades financieras, que hace aún más dependientes a los países pobres de los países ricos.

Vía: Antimperialista


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